El Puente del Inca se halla en la Cordillera de los Andes, en la provincia de Mendoza, en la República Argentina. Su longitud es de 47 metros, su ancho de 28 mts. Se extiende sobre el Río Las Cuevas. Este muy conocido puente natural de piedra se llama "del inca" porque se cree que la realeza inca descendía con frecuencia hasta a él, para beneficiarse con sus medicinales aguas termales. Debajo del puente, se encuentra una pileta donde fluyen las tibias y terapéuticas aguas. En las proximidades, se halla el Cerro Los Penitentes, llamado así porque sus paredones de piedra, observado desde lejos, se parecen a enormes monjes en procesión.
Antiguamente las fuentes termales eran muy concurridas, especialmente durante la temporada que se prolongaba desde el 10 de noviembre hasta el 30 de abril. Un hotel cercano, fue destruido por un gigantesco alud de nieve al promediar la década de los años '60. Desde el puente, se despliegan cortinas de hielos, y otras composiciones minerales, que componen superficies jaspeadas por diversos colores. Entre las variadas tonalidades emergen también estalactitas. Algunas mañanas, el puente se baña con tonalidades doradas. Su luz reflejada en la nieve y el agua esculpe etéricos arcos iris. La tierra emana entonces visos de fantasía. Esta geografía motivó así su sacralización por los indios. La imaginación indígena concibió que el puente debía tener un origen divino. De esta manera surge la Leyenda del Puente del Inca.
LA LEYENDA DEL PUENTE DEL INCA
Estaba ya próximo el fin del Inca del Imperio, y su sucesor, su único hijo, se encontraba gravemente enfermo. El pueblo, que sentía adoración por el futuro monarca, elevaba sus ruegos al dios Inti (Sol), a Mama-Quilla (la Luna) y a todos los dioses, haciendo sacrificios en su honor por la salud del enfermo. Pero ni los médicos del imperio ni las súplicas del pueblo devolvían la salud al inteligente y bondadoso príncipe.
Si éste llegaba a morir, desaparecía con él uno de los más poderosos Incas del Imperio, que habría de gobernarlos con verdadera sabiduría y justicia. El temor de su muerte llenó de tristeza al pueblo, que no cesaba de interrogar a los dioses cuál era el remedio eficaz para salvar la vida al futuro monarca. Al fin consultaron a los Amautas (filósofos), y ellos dijeron que el príncipe recuperaría la salud, si se bañaba en unas aguas de maravilloso poder que existían en regiones del continente muy apartados. En efecto: sabían que en unos lugares lejanos, en dirección al sur, entre las rocas de los cerros de la cordillera, brotaba el agua buena que curaba a los enfermos de todos sus males.
También aseguraron que para llegar a esas fuentes, había que recorrer largas distancias, atravesar desiertos y escalar montañas. Los sacerdotes, los sabios y los médicos decidieron el viaje del príncipe a tan lejanas regiones, y sin pérdida de tiempo comenzaron los preparativos para realizarlo. En una mañana de sol, luminosa y clara, partió del Cuzco, en dirección al sur, la larga caravana de viajeros que había de conducirlo hasta las fuentes de las que brotaba el agua salvadora. Acompañaban al príncipe, los nobles, sabios, sacerdotes y médicos. Los seguía una recua de llamas cargadas con víveres todo lo necesario para tan largo viaje. Muchas lunas duró la travesía.
Montañas abruptas, valles tranquilos, campos desiertos, verdes praderas, ríos, arroyos pasaron ante los ojos de la larga caravana que, llena de asombro, admiraba cuadros maravillosos en los que la Naturaleza parecía haber reunido toda su grandeza y esplendor. Durante la noche veían las montañas como si fueran espectros gigantescos, y oían salir de las entrañas de la tierra y de los precipicios, roncos acentos que el eco repetía como voces misteriosas en la inmensidad del espacio.
Llegados a cierto lugar, se quedaron los indios maravillados ante la imponente majestad de uno de los colosos de la cordillera y exclamaron asombrados: ¡ Acon-Cahua! Esto, traducido de su idioma, el quechua, significa: "vigía o centinela de piedra". Se encontraron ante nuestro grandioso Aconcagua, el pico más alto de nuestra cordillera y uno de los más elevados del globo.
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A poco andar, llegaron al fin, en los últimas horas de la tarde, a una quebrada en cuyo fondo corría encajonado un río torrentoso que bramaba entre las piedras de su profundo lecho. Se detuvieron; y el sonido estridente de la quepa (clarín) anunció que allí se encontraban las fuentes del agua salvadora. Pero esas fuentes estaban en el lado opuesto de la quebrada; la distancia que los separaba de ellas era demasiado grande y el camino inaccesible.
¡Creyeron desfallecer ante el obstáculo insalvable que se les presentaba!. Pasaron allí la noche cavilando en el modo de llegar a las fuentes, mas al amanecer del día siguiente, les fue dado presenciar el hecho más maravilloso que imaginar podían. Cuando las primeras claridades de la aurora comenzaron a colorear la nieve de los montes vecinos, hubo un momento indescriptible en que, ante el asombro de los aborígenes, los picos helados parecieron inclinarse hacia la quebrada. Inmensos peñascos caían desde colosales alturas, al mismo tiempo que grandes trozos de hielo se desprendían de las cimas.
Sus guerreros, unidos unos y otros, formaron un puente magnífico por el que podía llegarse sin dificultad a las fuentes del agua maravillosa, para hacer realidad el sueño de su jefe, no dudaron en abrazarse unos a otros, formando el puente humano que llegaba hasta el otro lado. El inca caminó por encima de sus espaldas con su hijo en brazos y llegó hasta la terma en donde encontró la buscada cura. Cuando volvió atrás su mirada para agradecerles a sus guerreros, éstos se habían petrificado y, según cuenta la leyenda, crearon el famoso ''Puente del lnca''.
De este modo, el poder sobrenatural de los dioses acercó al príncipe de los Incas a las fuentes de las aguas buenas, las que le dieron la salud y la vida; y a su pueblo, la alegría y la calma. Así fue como la larga caravana que viajó desde el Cuzco regresó jubilosa, llevando en sus ojos la visión encantada de la grandeza sublime de nuestras montañas y el poder sobrehumano de sus dioses buenos. Los indios llamaron al puente maravilloso, el Puente del Inca. Cuentan que al acercarse la noche, cuando los cerros que la rodean se esfuman como envueltos en velos de suaves colores, una larga caravana de figuras extrañas parece cruzar de unos montes a otros, mientras que el cantar del agua de las cascadas rompe gozoso el misterioso silencio de las montañas inmensas. (*)
"Los Penitentes"
(*)Fuente: Versión de la leyenda en página web sobre Puente del Inca.
Cerro Aconcagua
El Cerro Aconcagua es el centro y motivo principal del Parque Provincial Aconcagua, una de las más espectaculares áreas protegidas de la República Argentina. Las 71.000 hectáreas del parque se encuentran en la Provincia de Mendoza, y se localizan unos kilómetros al Este de la línea de frontera con la República de Chile. Todas sus aguas escurren hacia el interior de Mendoza por las cuencas de los ríos Horcones, Vacas y Cuevas.
La Ciudad de Mendoza, con 1.000.000 de habitantes, es paso obligado de los andinistas por cuanto allí debe obtenerse el permiso de ascensión o trekking. Situada a 180 km de la montaña, cuenta con aeropuerto internacional, numerosos hoteles, restaurantes y oportunidades de recreación.
La Historia del Cerro Aconcagua se encuentra muy ligada a las antiguas culturas andinas habiendo sido considerado templo por los Incas. En sus faldas y alrededores se han encontrado objetos y hasta una momia que testimonia la importancia que el Centinela de Piedra tenía para los primitivos pobladores. También fue testigo de la colonización y el paso del Ejército Libertador del General San Martín. Hoy, a su vera pasa el Corredor Andino que vincula los ejes de intercambio comercial del Mercosur con los puertos del Océano Pacífico.
El Aconcagua es el cerro más alto del Hemisferio Sur y Occidental y la cumbre más elevada del Continente Americano. Es uno de los íconos en el preciado circuito de las siete cumbres. También es especial para introducirse en las grandes alturas, ya que por su elevación, condiciones geográficas y climáticas constituye el escenario ideal para exigencias moderadas, como así también para prepararse para las mayores hazañas deportivas que demandan los ocho mil y otros picos en el Himalaya.
El ¨Coloso de América¨ es la meta de montañistas de todas las latitudes y aspiración tanto deportiva como de contemplación de la naturaleza de miles de visitantes anuales, quienes en sus recorridos atesoran una experiencia tan única y excluyente, como brinda la esplendorosa magnificencia de este cerro.
EL CRISTO REDENTOR
Por este lugar pasò a Chile -en 1817- la División del Ejército Libertador al mando del general Las Heras, en la Campaña de los Andes. Allá se erige el monumento al Cristo Redentor, a 4.000 m de altura sobre el nivel del mar, en un paraje de singular belleza y grandes cumbres. La obra, realizada por el escultor Mateo Alonso, pesa 4 toneladas y fue hecha, en 1904, con el bronce de los cañones del Ejército de los Andes. Constituye un símbolo de amistad argentino-chilena cuya inscripción dice:
"Se desplomaràn primero estas montañas antes
que chilenos y argentinos rompan la paz jurada al pie del Cristo Redentor"